miércoles, 25 de septiembre de 2013

Brevemente

     Quisiera poder contar en cortas lineas lo que ha sido de mi vida durante estos 24 años, pero la verdad es que este espacio se queda pequeño para todas las cosas que he vivido. Nací un 10 de febrero de 1989, justamente pareciera que para esa fecha ya sabría que mi vida sería una tragedia. Cuenta mi padre que nací en una época difícil donde todo lo que necesitaban ellos para mantenerme estaba escaso, no se conseguía ni leche ni pañales pero ellos como padres abnegados recorrían mil lugares para que yo pudiese tener todo lo que necesitaba. Fui fruto de un amor sin igual, el amor real que debería existir, probablemente de ellos heredé la capacidad de enamorarme fácilmente y ser una persona noble. Mi padre quería llamarme Juana porque el se llama Juan y mi mamá se opuso a ese nombre, creo que aún les agradezco que se hayan tomado un tiempo para planificar un mejor nombre, decidieron llamarme Ivana, un nombre ruso que vendría siendo el femenino de Juan, mi segundo nombre lo eligió una de mis hermanas y me pusieron Valentina, supongo yo, que debí nacer un 14 de febrero y no un 10, pero siempre he sido así de impaciente y me adelanté. No crecí en lo que la gente llama una familia "normal" de padre y madre, ellos se separaron cuando yo estaba pequeña y la verdad es que no recuerdo ningún momento de ellos juntos, pero para mi nunca fue necesario verlos juntos porque mi padre hasta el sol de hoy es un hombre que ha estado en todos los momentos de mi vida sin excepción. Por esa parte creo que nunca me afectó el trauma de un divorcio, creo que me lo ahorraron para todo lo que se me venía más adelante. Recuerdo perfectamente mi primer día de clases en el preescolar, recuerdo que mi papá me llevó a un colegio que se veía desde la torre donde el trabajaba por colegios de ingenieros, ese día no me desprendí de el en la entrada del preescolar, me aterraba estar con gente, la mujer que me recibió en la puerta tenía cara de maldad y armé mi  mejor berrinche en la entrada, mi papá aunque no tenía permiso para entrar me llevo hasta la mesa donde comenzarían todas mis desgracias y desde una ventana del salón me señaló donde estaba su "oficina" y me dijo, "Te voy a estar viendo desde ahí" y luego se marchó a su trabajo. 

     Recuerdo que desde pequeña fui muy asocial, prefería pasar toda la mañana sola encerrada en mi mundo que compartir con mis compañeros de clases, en las horas de almuerzo y merienda me sentaba en la ventana y veía hacía donde mi papá me dijo que iba a verme y pasaba todo el rato ahí, las profesoras me buscaban para que me quitara de ahí y yo les decía "Estoy viendo a mi papá, el esta ahí, no lo ven?" porque yo sí. Realmente era una ilusión, sí, mi papá fue el primer hombre que me enseñó a ilusionarme con cosas que no existían pero que si cierras los ojos las puedes ver.

     Pasó el tiempo y mi hermanito entró a primer nivel en el mismo colegio mientras yo ya estaba en tercer nivel, recuerdo que el estaba en el piso de abajo y yo cada vez que podía bajaba a verlo y me escapaba de mi salón de clases sólo por saber si estaba bien, de ahí creo que adopté ser sobreprotectora con lo que amo. 

     A mis 6 años mi mamá decide mudarse de la zona y nos inscriben en otro sitio, a mi en primer grado y mi hermano en otro preescolar, mis padres seguían trabajando doble turno para poder mantenernos y en las tardes nos tenían en un semi internado. Recuerdo que la señora que nos cuidaba toda la tarde era una monja que se llamaba Daniela, esa señora a veces solía ser injusta y mala, nos trataba mal pero no me importaba, yo tenía que cuidar de mi hermano y lo que me hicieran por querer estar todo el día con el, me daba igual. 
Todas las tardes era la misma historia, llegar al internado, sacar los cuadernos del colegio, hacer las tareas y luego pasar por el mesón de esa monja amargada a que nos revisara lo que hicimos, dependía de eso la merienda que por lo general eran unos heladitos o unas galletas, pero antes de eso teníamos que aprender una página del libro para leer Mi Jardín, yo procuraba nunca equivocarme leyendo porque la monja se molestaba y se ponía de mal humor si me decía "M con la A" y yo respondía "PA" esa mujer me pegaba cuatro gritos, bonita forma de enseñar no?

     En ese sitio también estaban unos chicos mucho más grande que nosotros, estaban como en 6to grado y la monja de inteligente se iba a hacer diligencias y nos dejaba a todos con esos dos monstruos, ellos se llamaban Darwin y Gina, eran el diablo en persona. En el tiempo que la monja no estaba ahí ellos hacían desastres, nos hacían maldades, encerraban a los otros niños y los ponían a pelear montados en las mesas, yo agarraba a mi hermano y me lo llevaba para el patio de la casa y nos escondíamos juntos detrás de una batea para que no nos hicieran nada hasta que ellos descubrieron que los únicos que siempre se salvaban de las suyas eran los hermanitos que se escondían en el patio y ahí comenzó nuestra tortura. Recuerdo que ellos me amarraron a una silla una vez, agarraron a mi hermano y me decían "Ven a defenderlo pues" le bajaron los pantalones y comenzaron a burlarse de el, yo sólo lloraba en la silla y trataba de levantarme para ayudarlo pero no podía, luego cuando me soltaron me fui corriendo a donde estaba el a ponerle sus pantalones y abrazarlo, lo peor era que ellos amenazaban a todo el salón y teníamos miedo de decirle algo a la monja y lo dejábamos pasar, poco a poco los alumnos se fueron retirando del sitio y cada vez quedábamos menos. En esa casa vivía otra gente alquilada en el piso de arriba, el cual la monja siempre nos decía que no quería ver a nadie subiendo esas escaleras porque nos iba a castigar, yo siempre fui curiosa y un día subí la mitad de las escaleras sólo para saber por qué no podíamos ir a ese sitio tan oscuro, para mi sorpresa un hombre de los que vivía alquilado ahí, un viejo horrible me consiguió subiendo las escaleras, me asusté y bajé corriendo. En la parte de abajo de esa casa había una batería tapada con una sábana y un piano. Siempre me quedaba ahí viendo los instrumentos y a escondidas tocaba algunas teclas o le daba golpes a los tambores de la batería y me imaginaba tocando así como Alex de Maná, era como mi ídolo en ese momento. Ese hombre extraño que me vio subiendo las escaleras comenzó a asomarse más seguido mientras todos, (incluyendo la monja que se suponía que debía cuidarnos) dormían, yo no podía dormir porque sufría de una otitis aguda en los oídos y el dolor era insoportable, sin contar que al acostarme me salía pus, entonces me quedaba sentada viéndolos a todos dormir y se aparecía este hombre de nuevo en la punta de las escaleras, se quedaba viéndome y yo no le bajaba la mirada, no volvería a huir como la primera vez, el me hacía señas para que no hiciera ruido y me llamaba desde arriba con la mano para que subiera hasta donde estaba el. Obviamente siempre sospeché que algo no estaba bien en ese hombre y le decía que no con la cabeza y si bajaba un poco más me levantaba y me iba al lado de la monja para que no se atreviera a dar un paso más. Ya de grande, cuando supe la maldad del mundo en el que estaba viviendo entendí lo que eran los violadores, los pedófilos y ese tipo de hombres y hasta mujeres enfermas y gracias a mi consciencia a corta edad, eso no llegó a más de esas cochinadas que hacía el hombre en la cima de las escaleras y nunca me dejé seducir por sus propuestas, la verdad es que no sé ni quiero imaginar lo que ese tipo me pudo haber hecho, creo que a raíz de esas experiencias cuido a mi sobrina de todo el que se le acerque, los padres no están siempre conscientes de todo lo que le sucede a sus hijos en los sitios donde los dejan y no los culpo, pero a veces el descuido puede ser el trago más amargo para un padre. Al igual que procuro siempre cuidar de esas personas que desconocen la malicia que hay y piensan que todo el que dice ser tu amigo lo es y al final terminan dañándote. 

     Esto apenas es el comienzo de la historia de mi vida, aún tengo muchas cosas que contar y creo que es irónico decir.. Brevemente. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario